sábado, 19 de diciembre de 2020

Capítulo 3: el cementerio como reflejo del cambio social. El Cementerio Islámico de Murcia.

En el primer capítulo del blog hicimos mención a las disputas sostenidas entre el Ayuntamiento de Murcia y la Diócesis de Cartagena por la creación del Cementerio de Nuestro Padre Jesús. El asunto en discordia era su titularidad, dependiente del municipio y no de la Iglesia. Pero, más allá de la titularidad, el cementerio era un cementerio católico. Además de la iconografía de las tumbas y panteones, que eso responde a las creencias de cada individuo allí enterrado, la planta del cementerio es de cruz latina, posee una capilla católica y el propio nombre del cementerio no deja lugar a dudas: Nuestro Padre Jesús, advocación de la imagen titular de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, cofradía más famosa de la Semana Santa de Murcia por realizar la popular procesión de Los Salzillos.

Como un cementerio católico, a los católicos de reconocida piedad estaba reservado el espacio mayoritario y principal del cementerio. Algunas zonas marginales del recinto fueron destinadas a aquellos que no casaban con el ideal de unidad católica presente en la época de la Restauración (1874-1931) marco político en el que se inserta la construcción del cementerio. Estos difuntos de segunda eran los niños muertos sin bautizar, los suicidas, los cristianos no católicos y, en definitiva, todos aquellos que no casaban con el modelo social hegemónico y que, sin embargo, compartían vida y muerte con la mayoría de la población de fe y moral católica.

Ilustración aparecida en la revista liberal "La Madeja", en 1875, que muestra el problema de la cuestión religiosa como los dos futuros que España puede elegir, ¿tolerancia o absolutismo?
Fuente: Wikipedia.

En la Edad Contemporánea, una de las cuestiones que mediatizaron los enfrentamientos entre las llamadas "dos Españas" fue la cuestión religiosa. Unidad católica frente a la secularización y libertad de cultos. Curiosamente, el establecimiento definitivo de la libertad de cultos en nuestro país se produjo durante la Dictadura de Francisco Franco (1939-1975). Así, en una época en que la religión católica inspiró como nunca el obrar del Estado español, al calor del aperturismo producido en la Iglesia con el Concilio Vaticano II (1962-1965), el 28 de junio de 1967 Francisco Franco sancionó la Ley de Libertad Religiosa, que autorizaba a los no-católicos a profesar libre y públicamente sus creencias religiosas, lo que afectaba a la esfera funeraria. Así, el artículo octavo de la ley rezaba: 
  • Uno. Todos los españoles tienen derecho a recibir sepultura conforme a sus convicciones religiosas. Se tendrán en cuenta sus disposiciones, si las hubiere, siempre que sean compatibles con el orden público y las normas sanitarias vigentes.
  • Dos. Las asociaciones confesionales no católicas podrán solicitar la adquisición y habilitación de cementerios propios en aquellos municipios donde tengan una sección local anotada en el Registro a que se refiere el artículo treinta y seis.
  • Tres. En los cementerios municipales se habilitará, cuando sea necesario, un recinto adecuado para que los no católicos puedan recibir sepultura digna conforme a sus convicciones en materia religiosa.
Estos principios quedaron definitivamente consagrados en la Constitución de 1978 y en la Ley Orgánica 7/1980 de 5 de julio, de Libertad Religiosa.

A pesar del reconocimiento de este derecho, la mayoría de la población española permaneció siendo católica durante algunas décadas más, hasta que, desde los últimos años del siglo XX, gracias a la prosperidad económica, España, históricamente un país de salida de emigrantes, se convirtió en un país de acogida de centenares de miles de inmigrantes, provenientes generalmente de Hispanoamérica, el Magreb, África subsahariana, el Este de Europa y China.

Así, aunque en los últimos cuarenta años se han alternado períodos expansivos y regresivos de población inmigrante en España, ésta no ha dejado prácticamente de crecer, salvo en los peores años de la crisis económica de 2008. Así, en 2019 vivían en España 6 104 203 inmigrantes, el 12'9% de la población. La Región de Murcia ha sido una de las comunidades autónomas preferidas por los migrantes para asentarse, conformando, en 2013, el 15'69% de la población.

Esta masiva llegada de inmigrantes ha supuesto, junto al crecimiento del agnosticismo y el ateísmo en la población nativa, la definitiva pérdida del monopolio católico de las mentes de los españoles. De entre todas las religiones que en los últimos años han crecido en Murcia, y en España, la que más ha crecido es el Islam. A inicios de 2019, había 1 993 675 musulmanes en España, conformando cerca del 4% de la población. Murcia es una de las comunidades con más población musulmana, con 112 527 musulmanes residiendo en la Región de Murcia, el 7'6% de la población. Es la quinta comunidad islámica más grande de España.

Tal cantidad de musulmanes pronto necesitó un cementerio propio que les permitiera disfrutar de ese derecho, reconocido por la legislación española, a una sepultura digna y conforme a sus creencias religiosas. Así, en una fecha tan temprana como 1996 se encarga el proyecto de creación de una Maqbara, un cementerio islámico, dentro del recinto del cementerio de Nuestro Padre Jesús, realizándose 27 de abril de 1998 el primer entierro. Inicialmente contaba con una superficie de 600 m2, con 108 fosas excavadas y orientadas a La Meca, una pequeña mezquita y una sala para preparar al cadáver de acuerdo a los ritos islámicos de purificación. Es el segundo cementerio islámico más antiguo de España, tras el de Madrid.

Imagen del cementerio islámico de Murcia. Se observa la mezquita y varias de las fosas.
Fotografía: Angel Domingo Cayuela Portela.
Fuente: Ayuntamiento de Murcia.

A los pocos años, y debido al continuo crecimiento de la comunidad islámica de Murcia, el cementerio se quedó pequeño. Así, a lo largo de las primeras décadas del siglo XXI se han realizado dos ampliaciones, la última de ellas en 2020, contando ahora con 169 fosas y 1313 m2.

Una vez más, observamos cómo el cementerio, ciudad de los muertos, es reflejo de la ciudad de los vivos, evolucionando con ella. Cuando se construyó, a pesar de ser un cementerio público, Nuestro Padre Jesús era un cementerio tan profundamente católico como la Murcia que lo construyó. En las últimas décadas Murcia se ha convertido en una ciudad multicultural, donde conviven en paz gentes que creen en varias religiones, o no creen en ninguna. Así, en nuestro querido cementerio, junto al mar de cruces, ángeles y vírgenes se alza hoy, verde y brillante, una cúpula rematada por una media luna.

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